Será su tercera participación en el festival internacional Mujeres a Escena, y este año con la responsabilidad de cerrarlo, ahora de forma on line. El grupo peruano Mashara presentará a las 20 por el canal de YouTube del encuentro “MamAnqui, la abuela necesaria”, que retoma su personaje Ushpicha (una niña indígena) en un encuentro con Mama Angélica para reflexionar sobre la violencia y la construcción de futuro. Así, Sala Ross cierra el ciclo que reunió 24 obras y varias actividades paralelas. Previamente, a las 18.30, se verá “La otra cara de la moneda”, de los tucumanos Julieta María Ascárate y Ezequiel Nasci.

La peruana Hildy Quintanilla admite que la pandemia impuso sus condiciones a la experiencia artística. “La virtualidad permite ensayar maneras de estar presente con medios tecnológicos que antes eran impensables. Este tiempo nos ha enseñado a reflexionar sobre nuestro trabajo y el sentido de la vida”, afirma.

El envío de “Mamanqui...” al festival es excepcional, aclara, ya que es el único espacio donde decidió presentar un registro de la puesta con público: “He sido invitada a una provocación; no me aferro a mi decisión de seguir sólo por el camino de la presencialidad. No sé lo que va a pasar, pero me fío del misterio y de la fraternidad que seguiremos tejiendo con colectivos como Sala Ross”.

- ¿La mirada femenina está ganando territorio en el teatro?

- Para comprender este fenómeno es necesario leerlo desde la perspectiva de las relaciones de poder en que se basa el sistema patriarcal y su expresión en la sociedad capitalista. Encontramos una presencia creciente de mujeres en el teatro, como directoras, actrices, dramaturgas, asistentes o críticas, que aún tiene una manera de asumirse, de realizarse y de mantenerse que reproduce las prácticas machistas. Estas no sólo se dan entre “directores” hombres y “actrices” mujeres; la realidad felizmente es más compleja y guarda su trampa si sólo polarizamos.

- ¿Cómo se elude ese peligro?

- Se puede hablar de teatro feminista, pero de lo que se trata es de abrir todo carácter homogenizante y excluyente. Prefiero mirar cuidadosamente las relaciones con el poder y la manera en que se lo sigue concibiendo. Por ejemplo, la mirada dominante la da el público, y terminamos entregándonos a la sociedad del espectáculo que absorbe temas tan radicales y necesarios como la denuncia sobre la violencia contra las mujeres. Hay que andar con cuidado para descubrir nuestros autoengaños. Desarmar el sistema debe servir para retejerme y ese es un camino que lleva a más honestidad todavía.

- ¿Cómo es tu experiencia personal?

- Ir hacia adentro fue salir a los caminos. Un doble aire me permitió crecer con los de fuera y con seres de mi interior. Fue una limpieza de corazón; reconocí a mi madre como un ser valioso y como una gran creadora de historias. Como tantas, transforman el mundo convirtiendo su mirada en pájaros coloridos de donde brotan vuelos de arco iris en palabras y rompen por minutos el cerco patriarcal. Eso me lleva a mirar a las mujeres que cantan para limpiar una acequia antes de la lluvia; a las que golpean en madrugada los atrapanieblas para obtener un poco de agua y dar algo de beber a su familia; a las que siguen buscando a sus hijos e hijas desaparecidas por la dictaduras; a las que cultivan semillas…. Recuperar la memoria es un ejercicio vital contra las condiciones de desigualdad e injusticia que aún vivimos. Recuperar el cuerpo creador de las mujeres es el inicio de recuperar todos los cuerpos negados.

- ¿Qué hicieron en pandemia?

- Decidimos guardar silencio, escuchar nuestros miedos y volver a tomar la bicicleta para salir en busca de la gente con quien tejer teatra, con obras en playas y talleres al aire libre. Con la tecnología hay un nuevo arte que reconecta lo visual, lo auditivo, el movimiento… Pero los cuerpos de los actores, de los humanos y no humanos de Mashara no entran en una pantallita.

- Perú está atravesado una fuerte tensión política ahora.

- Es lindo dejarse atravesar por los pueblos que el neoliberalismo y su corrupción de 200 años pensaron haber terminado. Recuperar la dignidad sólo puede venir de los que hoy no tienen nada que perder y todo por ofrecernos. He visto poesía en la llegada de los ronderos, en el canto de mis abuelas, en la fuerza del Amaru (serpiente divinidad andina), en la marcha de las huacas en los danzantes del Taky Ongoy que resisten en Lima. El arte queda chico ante una fuerza creadora colectiva. ¡Aquí se baila y se llega a las estrellas! ¡Se baila con el aire y con las piedras! Un nuevo tiempo se expresa, hay que levantarlo entre todas, todos y todes y es para toda Latinoamérica.